Todo lo que no hice este año

Se asoma el fin de otro ciclo de 365 días, y estas fechas nos permiten recapitular nuestro viaje a través de un año en el que nos propusimos hacer mucho y cumplimos todo lo que deseábamos (o lo que pudimos). A propósito de eso, muchas personas, en las redes sociales, comparten con alegría fotos y videos de lo que fue su 2025. Cuántos países visitaron, cuántos carros compraron, cuántos idiomas aprendieron… en fin, sus éxitos de acuerdo con los parámetros de la sociedad o los propios. 

Todas esas personas comparten un pedacito de su historia por distintos motivos, y este pequeño porcentaje de la población tiene el privilegio de poder enumerar triunfos en el ámbito académico, laboral o económico. ¿Pero qué pasa con las personas que no iniciaron un negocio propio este año, o que no aprendieron ningún otro idioma ni visitaron otro país ni tuvieron su primer hijo ni se casaron ni compraron una casa ni se independizaron ni adquirieron su primer carro? Personas que ven la larga lista de cosas que no tuvieron la posibilidad de hacer ―o no estaba en sus planes hacer― este año.

De repente les sobreviene la culpa por no darse el tiempo, el bajón al mirar atrás y sentir que el año les pasó encima sin que pudieran hacer algo digno de reconocimiento además de cumplir con sus responsabilidades cotidianas. Los embarga la angustia al sentir que nunca habrá tiempo ni medios suficientes para hacer todo lo que los demás han logrado en la vida. ¿Cuándo haré una maestría? ¿Cuándo aprenderé a manejar? ¿Cuándo podré llevar a mis padres o mis hijos a ese viaje tan soñado? ¿Cuándo será suficiente mi inglés para conseguir esa certificación tan necesaria para subir de puesto?

Preguntas similares a estas me asaltan a medida que nos acercamos al último día del 2025. Al comentarlas con mi compañero de vida, reconocemos juntos lo que nos frustra y lo que tememos, pero también los pasitos que hemos dado a lo largo de todos estos meses. Un primer espacio de desahogo se vuelve entonces un ejercicio de reflexión en el que ambos iluminamos para el otro ―y por tanto hacemos visibles― todas aquellas cosas que cada uno hizo y que la memoria selectiva decidió omitir.

Y no se trata de ser condescendientes con las personas que amamos, sino de revisitar y asignarle un nuevo valor a eso que quizá no entró en las listas de todo lo que hicieron este año las personas exitosas. ¿Fuiste amable con tu vecina? ¿Adoptaste un gatito callejero? ¿Le diste hospedaje a tu primo? ¿Le regalaste una nieve a tu sobrina? ¿Visitaste a tu abuela? ¿Llamaste a tus padres por teléfono cuando estabas lejos? ¿Le explicaste, con paciencia, a quien no sabía cómo hacer algo? ¿Abrazaste a tu amigo cuando estaba pasando por una situación complicada? ¿Le brindaste ayuda a un enfermo? ¿Tuviste la disposición para escuchar a alguien incluso cuando no pensabas igual que él o ella? ¿Te informaste un poco más acerca de ese tema que te molesta o te provoca tanta incomodidad? ¿Donaste a alguna causa? ¿Escuchaste a quien estaba triste? ¿Le hiciste un cumplido a alguien? ¿Le sonreíste a alguien mientras caminabas al mandado? ¿Fuiste capaz de ver y reconocer la dignidad de otro ser humano? 

Todas estas acciones tienen un valor incalculable en un mundo donde la mayoría voltea para otro lado ante el dolor y la soledad de los demás. Lo material es importante, pero no es ni de cerca lo esencial de esta vida. Los logros y el éxito asociados a un título, una credencial, un pasaporte o una billetera pueden otorgarte satisfacción pasajera, pero la verdadera felicidad nace de aprender a ser humanos, a conectar con los otros, al escuchar, compartir, servir sin esperar nada a cambio y aprender a existir juntos a pesar de lo complejos y diferentes que somos. Lo importante no necesita medirse ni contarse porque se aloja bien adentro de nuestro ser y del de aquellos con los que decidimos compartir nuestra bondad. 

Que este nuevo año traiga más oportunidades para ser más empáticos y humanos, y menos indiferentes, porque eso, aunque sea una huella silenciosa, es lo que indudablemente puede generar un impacto en este mundo que es nuestro. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *